May 18 2017 12:51 AM

INTÉNTALO Y ME CUENTAS

De niño, nuestros padres nos daban un consejo que parecía inútil: mijo, cuente hasta diez.

Lo decían especialmente cuándo nos irritábamos frente a algún tipo de situación crítica con los amigos, familiares e, inclusive, nuestros mayores en el colegio.

Contar hasta diez implicaba calmarnos o respirar profundo. Era cómo evitar pensar con la cabeza caliente. “Mijo: la rabia no es buena consejera”. Eso también nos sugerían.

Pues, aunque no le dábamos tanta importancia, no había nada más sabio.

Sucede que el sistema límbico, que es el que regula las emociones, no piensa.

Formado entre otros por el tálamo, el hipotálamo y la amígdala cerebral, se encarga de regular, por ejemplo, el deseo sexual, el hambre, el placer.

Con ese sistema en su máxima expresión actuamos instintivamente. Así podemos explicar lo que nos pasa cuando vemos el cuerpo insinuante de una mujer o de un hombre, cuando ponen sobre la mesa una comida bien adornada o alguien nos atesta una cachetada.

Sin pensar, reaccionamos.

Eso sucede porque el sistema límbico demora aproximadamente unos ocho segundos para enviar una señal al cerebro. Es decir, antes nadie piensa ni algo lo hace por nosotros.

Por eso los embarazos no planeados, las indigestiones o los conflictos. O las lamentaciones: ¿Dios, por qué lo hice? O la pregunta recurrente: ¿en qué estaba pensando?

Pues, no. No estaba pensando.

Ustedes no saben todas las cosas que pasan en ocho segundos: accidentes de tránsito aparatosos por no pensar o hacerlo equivocadamente; asesinatos no premeditados, crisis caseras… Cuando algunas legis laciones incluyen en sus normas la expresión “ira e intenso dolor”, se refieren a los instantes en que el cerebro apenas se dispone a recibir una información.

A eso mismo se debe, por ejemplo, la cantidad de colapsos emocionales en las redes sociales.

Apenas vemos un mensaje que suponemos altanero o fuera de lugar, responde mos. Cuando vemos la foto que no nos gusta, protestamos.

Ojo: cuándo nos sorprende una información que no esperábamos, la replicamos, sin darnos cuenta que estamos multiplicando el daño irreparable a la imagen de alguien o la reputación de un producto.

Pues, justamente porque lo que hoy circulan por las redes son emociones y no razones, se han creado en el mundo muchos laboratorios de noticias falsas para perjudicar una causa y favorecer otra. Causas políticas, comerciales o personales.

Dicen los críticos que buena parte de la victoria del Presidente Donald Trump se debió a los ataques de estos laboratorios, que al final deterioraron la marca de su oponente.

De nuevo, saben que los seres humanos somos más emotivos que racionales. Por lo menos de entrada.

Bueno, la sugerencia de hoy es que volvamos a la voz de los padres y los abuelos.

No cuenten hasta diez si no quieren, pero háganlo hasta ocho.

Porque antes, con toda seguridad, no estarán en capacidad de actuar conscientemente.

Inténtanlo y me cuentas.

albertomartinezmonterrosa@gmail.com@ AlbertoMtinezM