No niego la vitalidad política de las redes sociales.

Como escenario democrático han permitido voces que permanecían en el anonimato y canalizado movimientos populares que han terminado con dictaduras.

Hay quienes le niegan toda la incidencia en esos procesos. Para que se dieran, alegan, fue necesario un historial de violaciones de los líderes autocráticos y de resistencia civil. Pero las redes reúnen, integran y coadyuvan. Eso pienso.

Lo que me inquieta es el uso. Y en ese sentido sigo censurando a quienes acceden a esos sitios con apenas emotividades.

Sin darnos cuenta, tú y todos, estamos siendo reducidos por las plataformas tecnológicas, que cada vez avanzan en sistemas de autonomía y control mientras nosotros desplegamos una actitud irracional en su encuentro.

Ya lo hemos explicado: el sistema que regula las emociones, que está regado por todo el cuerpo, tarda entre seis y ocho segundos para enviar al cerebro la primera información de los estímulos que recibe.

Ocho segundos es una eternidad. En ocho segundos muere una persona por causa de diabetes, nacen cuatro niños en territorios de guerra y se casan dos niñas menores de edad en la India.

Cada ocho segundos los navegantes de los mares digitales subimos a la red 4.8 horas de video, enviamos 27 millones de correos electrónicos y damos 4.100 millones de “me gusta”.

Si lo que reproducimos es falso o tiene un interés premeditado, no nos percatamos, porque no contamos hasta ocho. Somos irracionales.

Como hoy nos gobiernan los algoritmos y, de pronto, las maldades de otros, vamos a una anarquía de vanidades que nos involucrará a todos, incluyendo a los propios periodistas.

En vez de agenda propia la pregunta de cada mañana de los editores, por ejemplo, es ya: ¿De qué están hablando las redes?

La cosa está así: las máquinas que mandan en internet están actuando con más juicio que nosotros.

Por eso es que el beso que Gianluca Vacchi le dio a la exseñorita Colombia Ariadna Gutiérrez y la separación del futbolista James Rodríguez, fueron tendencia por encima de cualquier otro hecho esencial.

Y nos quejamos de que la audiencia es banal, como si esta fuera una experiencia extraterrestre.

¿Saben qué pienso?

Que ese es otro Frankestein nuestro. Nos inventamos el monstruo y ahora no sabemos qué hacer con él. Lo fabricamos a imagen y semejanza de nuestra crisis de valores.

Dos profesores de Cambridge dijeron en el 2012 que la inteligencia artificial superaría la del hombre en el 2050. ¿Crees que no? Responde cuántas horas duras pegado a un celular a un ordenador, describe la sensación que tienes cuando dejas olvidados a alguno de esos aparatos, confiesa si eres uno de esos internatutas que dan un like sin pensar en las consecuencias…. ¿2050? Bah: ya está pasando. Piénsalo y luego me cuentas. albertomartinezmonterrosa@gmail.com @AlbertoMtinezM