La historia de Rocio Chávez es la historia de una madre valiente y luchadora que tuvo que recorrer un largo camino desde México hasta Chattanooga para lograr sacar a su familia adelante. Madre de dos hijos, Rocío tuvo su primera hija a los 15 años y después de ser madre por segunda vez fue abandonada por su esposo, pero su empeño la llevó a seguir luchando hasta dar estudios a sus hijos y asentarse en Chattanooga hace casi 17 años.

Ahora, es la encargada de uno de los restaurantes familiares, y ha podido ver cómo sus hijos triunfan en la vida. El testimonio de esta gran mujer sirve para dar ejemplo de que con trabajo y empeño se puede salir adelante.

1. Has tenido que recorrer un largo camino para sacar adelante a tu familia. ¿Cómo ha sido tu vida, Rocío?

Soy hija de madre soltera. Mi madre se casó cuando yo tenía 6 años. Mi infancia fue muy dura en mi país. Mi sueño era estudiar y llegar a ser una persona con una carrera pero desgraciadamente tuve que empezar a trabajar desde los 12 años hasta hoy. Me casé a la edad de 15 años y fui una mujer abusada, golpeada, maltratada por el padre de mis hijos y por su familia. Cuando mi hija mayor nació, tuve que seguir trabajando porque no tenía ni para leche de ella. Después nació mi pequeño hijo, el cual fue una sorpresa que no esperaba. Su padre nos abandonó cuando él tenía un año y yo 20 años. Yo era demasiado joven, y estaba sola y con dos hijos. Mi suegra me corrió de su casa y tuve que ir a pedir ayuda a mis padres, lo cual les agradezco aún hoy.

2. ¿Cómo pudiste sacar a tus hijos adelante?

Con muchísimo trabajo y con un horario de más de doce horas de trabajo logré comprar un pequeño terreno en el cual construir una pequeña casa, desde el principio entendí que tenía dos motivos por los cuales luchar y que mis hijos tenían que comer vestir, y ahí tendría que estar yo su madre. Me olvide de ser mujer y me convertí en padre y madre para ellos. Eso es lo que fui durante décadas.

3. A pesar de las dificultades, conseguiste que estudiaran para ser alguien en la vida.

Nos mudamos a nuestra pequeña casa sin piso, luz ni vidrios en las ventanas, llenas de alacranes y muchos animales pero no tenía otra opción. En muchas ocasiones me quedé sin comer porque mis hijos pedían más y yo les daba mi parte. Luché día a día, tratando de hacer todo lo que podía. Mi hija logró terminar su primaria y secundaria llena de honores y diplomas y entró a hacer su preparatoria en una escuela particular muy cara. Mientras que luchaba con mi hijo, un poco más difícil y tratando de entenderlo ya que se estaba convirtiendo en un joven inquieto. Pero yo entendía que mis hijos necesitaban atención y mucho cariño ya que no tenían a su padre.

4. ¿Cómo llegaste a Chattanooga?

Mi familia ya estaba en este país.

Solo quedábamos en México mis hijos y yo, y mi mamá se sintió mal de verme trabajando duro luchando sola ya que en nuestro país no es nada fácil y más para una mujer sola sin ninguna ayuda, solo dos brazos para trabajar.

Ella en ese entonces se trajo a mi hija, la cual había terminado su preparatoria y yo ya no pude ayudarla a seguir estudiando. Así que, mi madre, de verme que trabajaba duro trató de ayudarme. Y mi niña se vino con mi mama. Un año después se trajo a mi hijo el cual iba a cumplir 15 años. Empezó a llamarme día a día, para que yo también me viniera aquí. Fue difícil, pero en este próximo diciembre cumplo 17 años aquí. No ha sido fácil pero las ganas de lucha siempre han estado. Fui la última de mi familia en llegar a este país y empezó el cambio. Un país del cual estoy enormemente agradecida por lo que me ha dado. Empecé a trabajar en un restaurante Italiano en el cual trabajaba mi familia, y empecé lavando trastes. Aquello fue muy duro pero también aprendí el oficio.

5. Más tarde, lograste poner en marcha con tus hijos un restaurante familiar. ¿Cómo fue?

A los tres meses de estar trabajando limpiando mesas en un restaurante mexicano algo cambió. Uno de los socios me ayudó. Era un señor puertorriqueño, que era muy severo con todos y le tenían miedo, pero yo por el contrario le tomé mucho cariño y respeto y hasta hoy le estoy enormemente agradecida. Bueno, a los tres meses confió en mí y me dio trabajo como mesera, luego contrataron a mi hija y a mi hijo. Me quede sorprendida y así empezó mi cambio de vida aquí. Me siento bendecida porque no querían familias y menos una madre y sus dos hijos pero gracias a ese señor estábamos trabajando los tres juntos. Trabajando 7 días sin descanso, logramos comprar una casa, juntar dinero y logramos poner el primer restaurante propio, aunque por cosas de la vida e inexperiencia lo perdimos. Perdimos todo: casa, carros, ahorros, trabajo de años… fue muy duro, para ese entonces mi hija estaba casada, embarazada, y ese bebé nos devolvió las ganas de seguir luchando. Habíamos perdido lo económico hasta quedarnos sin nada solo deudas. Pero teníamos lo más importante la unión familiar mis hijos y yo.

Después de aquello, mis hijos se mudaron a Kentucky. A los 6 meses me fui con ellos. Al año regrese a Chattanooga. Volvimos a reunirnos todos y hemos seguido trabajando sin descanso. A día de hoy, estoy orgullosa de decir que me encuentro trabajando en uno de los restaurantes de mis hijos y mío. Estoy al frente del local, lo que es una gran responsabilidad. No siempre es fácil, pero me esfuerzo y al ver cada plato que sirvo y que no queda nada, y que terminan todo y sus comentarios positivos me siento muy contenta. Tan contenta que se me olvida lo cansado y el largo camino que ha habido que recorrer hasta aquí. Fue un reto pero gracias a Dios lo estoy logrando.

6. ¿Qué recuerdos tienes de tu vida en México?

No aun termine mi secundaria ya estaba trabajando y estudiando. Hice varios cursos como cortes de pelo y tintes. A mí me gustaron mucho las ventas y eso me ayudó a dar de comer a mis hijos. Vendí comida de diferente tipo, fruta, ropa, zapatos. Me gusta tejer gancho de dos agujas, lo que me ha ayudado mucho económicamente. Hubo muchas ocasiones que eran las cuatro, cinco o seis de la mañana y yo tejiendo para vender mis trabajos y comprar comida para mis hijos. La vida en México fue dura para mí, pero aquello me forjó y me hizo una mujer fuerte.

7. ¿Qué has aprendido de toda esta vivencia?

Mi mayor orgullo son mis hijos, mi motivo de vivir mis hijos, mi mejor inspiración mis hijos. Mi vida no ha sido fácil. Pienso que no me volví a casar porque pensé siempre en mis hijos, no quería que llegara alguien y me los maltratara, sabía que tenía que luchar por ellos. Mi motivación en mi vida han sido mis hijos, mi inspiración ellos y mi motivo de vivir ellos. Nuestro sueño familiar es ver el restaurante Cheseedip en muchos lugares más si Dios nos ayuda a verlo un día convertido en una cadena.

9. ¿Crees que tu vida ha sido más difícil por ser mujer?

Creo que deben de entender muchas mujeres que no debemos dejar que nos golpeen maltraten o abusen de nosotras. Y que si tenemos hijos tenemos que pensar en esa responsabilidad, y que si nos toca, tenemos que ser madres antes que mujeres. La satisfacción que yo tengo es grandísima. Sé que mis hijos pudieron tomar un mal camino de drogas y demás. Y al contrario son excelentes personas. Creo que siempre hay que tener presente en la vida que si se quiere se puede.