Oct. 19 2017 07:03 AM

Noticias Libres En marea alta –dice un viejo refrán de la vida marina- es donde se conoce al marinero.

Y Las recientes catástrofes que ocurrieron en México, Puerto Rico y Estados Unidos, subieron las olas de la tragedia humana a niveles sin antecedentes.

Han sido días terribles. La muerte y la desolación se han tomado la vida de muchas familias, que lo perdieron todo; en algunos casos, inclusive, hasta sus seres queridos.

Por fortuna, para ellos y para la vida misma, el drama también despertó la sensibilidad del mundo.

De repente surgieron marinos diestros en convocar la solidaridad, y esta apareció con su vestido de generosidad en muchos rincones del continente y aún fuera de este.

Hoy, muchas voces se han sumado a la causa de los damnificados para dar y pedir, para acompañar y buscar.

Estrellas de la música latinoamericana destacadas a nivel internacional, fueron las que iniciaron la campaña.

Y aunque Somos una voz fue la marca de los conciertos que ofrecieron Marc Anthony y Jeniffer Lopez, antes y después ya había un movimiento continental para tenderle la mano a los que más lo necesitan en este momento.

Frente a los 30 millones de dólares que entonces se recaudaron, hay que contar el crowdfunding de Salma Hayek Pinault para ayudar a las víctimas del terremoto.

A través de llamados en las redes sociales o acciones en los lugares de la tragedia, los actores Gael García Bernal y Diego Luna, los hermanos Jesse y Joy Huerta, y la actriz Belinda, lanzaron convocatorias para no dejar solas a las víctimas.

Los cantantes españoles Miguel Bosé y Alejandro Sanz redirigieron a sus seguidores a “Foro Tanganica 67”, uno de los centros virtuales de recolección de ayudas, y Ricky Martin creó su propia campaña para reconstruir a la isla.

Olga Tañón publicó en sus redes sociales un video titulado: “Dame tu mano por Puerto Rico” y Daddy Yankee alcanzó a reunir casi 100 mil dólares en comida para los habitantes de su país.

Y con ellos, los ciudadanos de a pie han llorado, han trabajado, han aportado.

Movimientos semejantes habían ocurrido a propósito del terremoto de México en el 85 y la tragedia de hace unos años en Haití.

Eso es. Frente a las bofetadas del destino, la humanidad siempre tiene a mano una cucharada de generosidad.

Es cierto que el mundo está lleno de actos incomprensibles. Aún suenan los disparos de Las Vegas.

Es verdad que vivimos sumidos en un mundo de individualidades, donde cada vez prima el egoísmo y la soledad.

Podríamos decir que la tragedia también desnuda lo bueno que llevamos. Al final, no todo está perdido.

Fíjense que no fueron nuestras propias circunstancias las que trajeron ese sentimiento. Fueron las de otros. Las de nuestros semejantes.

Pero la solidaridad que despertamos y nos despertaron, rompió el esquema. El nuestro.

Esta vez fue la catástrofe la que nos impulsó a mirar de frente al vecino y, de paso, al planeta en el que vivimos y a la realidad contra la que luchamos.

Pero que sea una constante. No dejemos que se devuelva. Empecemos enseñando a nuestros hijos que el valor de abrazar a los otros tiene que ser una constante, en la circunstancia. No importa cuántos metros suba la marea. Inténtalo. Y luego me cuentas.

albertomartinezmonterrosa@gmail.com @ AlbertoMtinezM